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Historia, paisaje, geología, flora y fauna

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Los Montes

El Municipio de Igüeña, con una extensión de unos 206 Km2, está recogido en la cuenca formada por la sierra de Gistredo, al norte, y los Montes de León, al Este, al noreste de El Bierzo y al oeste de la provincia de León. En su término está la cuenca alta de los ríos Boeza y Tremor y, después de la debacle de la minería, está habitado por unos 1500 habitantes.

HISTORIA.- Sin ninguna duda el valle del Río Boeza, y también el del Tremor aunque en menor medida, debe haber constituido una importante vía de penetración de sur a norte, en todos los tiempos. Podemos decir que esta ruta tuvo una gran importancia en la Edad Media, ya que fue un ramal del Camino de Santiago, como lo demuestran la existencia de las ruinas de un Hospital de Peregrinos, denominado "Villa Armenia", plenamente documentado, que existió en lo que hoy se denomina "El Corral de las Yeguas" y los antiquísimos empedrados que aún se conservan en algunos tramos del camino.
Se debe mencionar la existencia de unos Privilegios concedidos por el Rey Alfonso IX de León a los habitantes de Colinas, recompensando servicios prestados: se cuenta que los moros, amparados en las anfractuosidades del terreno y resguardados en el espeso bosque de "El Paleiro", vivían, apoderándose de los ganados y poniendo en continuo riesgo a los lugareños, cuando ya habían sido expulsados de toda la región.
Pidieron estos socorro al Rey, que se personó con su ejercito y, cuando reconoció el terreno, sentenció que era tan difícil echar a los moros de este territorio como cazar un oso vivo, decidiéndose a abandonar el lugar.Fue entonces cuando los antiguos habitantes de Colinas cazaron un oso vivo y se lo presentaron al Rey que decidió entonces presentar batalla, la cual se volvió innecesaria ya que por la noche los vecinos de Colinas, armados de calabazas ahuecadas y con velas encendidas en su interior, armando gran estruendo con tambores, trompetas y otros utensilios, avanzaron hacia "El Paleiro" con lo que los moros huyeron despavoridos.
Otra leyenda, de parecido estilo, dice que los moros robaban el ganado que apacentaban los habitantes de Colinas en el "Campo de Santiago", saliendo estos a defenderlo y entablándose gran batalla que solo pudo ser ganada cuando el mismo Santiago, montado en un blanco caballo y blandiendo su espada entró en ella arremetiendo contra los moros y causando gran mortandad: por ello se edificó la ermita del campo de Santiago, bajo su advocación, en la que se celebra, con gran asistencia, una romería el 25 de julio.

En el Río de Susano y en las faldas del Suspirón, hay restos de explotaciones auríferas de época romana, incluso subterráneas, así como restos de la infraestructura necesaria: canales y depósitos. Al norte de Tremor de Arriba existió, fuera del municipio, hasta mediado el pasado siglo, una explotación agrícola y ganadera que se conoció como "La Casa" que constituía un enlace entre este pueblo y el Vallegordo: hoy queda poco más que una ermita, bajo la advocación de Nuestra Señora, en la que se celebraromería el 15 de agosto.

PAISAJE .- El paisaje que podemos encontrar es variado: desde plácidos prados de ribera en los valles, mas o menos profundos, hasta agrestes cresterías en lo más alto de las sierras. Los altos cursos de agua con sus rápidos y cascadas, las umbrías de bosques que algunas veces parecen impenetrables, las lagunas que se forman en el fondo de algunos circos glaciares, las agudas agujas que orlan el espinazo de la sierra, las brillantes flores que adornan todo con sus colores, todo en general, conforma un paisaje que a cada momento, en cada recodo, nos parecerá otro, que nos invita a su admiración.
En los pueblos podremos admirar interesantes muestras de Arquitectura tradicional, con ingeniosassoluciones a los problemas de habitabilidad: el casco urbano de Colinas está declarado Conjunto Histórico.

GEOLOGÍA .- Toda la zona está dentro del Antiforme del Narcea, en la Zona Asturoccidental- Leonesa, por lo que, a gran escala, los grandes bloques sedimentarios se orientan de sureste a noroeste. Todos los terrenos que podemos recorrer en esta zona, se formaron en el Paleozoico, en ambiente marino, y son más antiguos cuanto más nos acerquemos al "Campo de Santiago".
Al sur de Igüeña, extendiéndose hacia el este hasta más al norte de Tremor de arriba, encontramos terrenos carboníferos formados en el periodo Estefaniense, en los que es fácil encontrarse con capas o explotaciones de carbón y una grán cantidad de fósiles sobre todo de vegetales.
Hacia el norte de Igüeña encontramos un gran banco de areniscas y pizarras, en general de grano fino, que se conoce con el nombre de formación Agüeira sedimentado en el Ordovicico Superior, y que hacia el este desaparece bajo los terrenos carboníferos, por lo que no la encontraremos al norte de Tremor. Hacia el oeste forma la cresta de la sierra, desde El Cuerno (1556 m.) hasta más allá de Piedrafita (1770 m.).
Mas hacia el norte nos encontraremos una sucesión de pizarras y areniscas, muy ricas en hierro, que se conocen como Pizarras de Luarca y se formaron en el Ordovícico Medio. Sobre este depósito sedimentario se asientan los pueblos de Urdiales de Colinas, Los Montes de la Ermita y Colinas del Campo.
Luego hay unas Capas de Transición en las que alternan pizarras y areniscas o cuarcitas formadas en el Ordovícico Inferior. Todo el resto del terreno, hacia el norte, es una formación conocida como Serie de los Cabos, sucesión de potentes bancos de Cuarcitas con intercalaciones de pizarras, datadas entre el Ordovícico inferior y el Cámbrico medio, en las que también es posible encontrar fósiles de organismos primigenios. En estos terrenos se encuentran las mayores altitudes de esta zona y todos los picos que sobrepasan los 2000 m.
Morfológicamente el relieve está muy erosionado aunque presenta agrestes formaciones en terrenos de la Serie de los Cabos, como la garganta del río Boeza. En ellos podemos encontrar también restos de la actividad glaciar que los modeló, como las Lagunas de la Rebeza, los lagos del Baucín, o las morrenas laterales de Campode Santiago.

FLORA .- La vegetación es variada e interesante. Podemos decir que predomina, en los bosques, el roble (Quercus pyrenaica y Q. Petraea y sobre todo híbridos de ellos: Quercus x trabutii, Quercus x andegavensis y Quercus x rosacea), pero acompañado de serbales (Sorbus aucuparia, S. aria), fresnos
(Fraxinus excelsior), acebos (Ilex aquifolium), avellanos (Corylus avellana), tejos (Taxus baccata) y salgueras (Salix sps.) en los lugares más húmedos.
En el curso inferior acompañan al río los humeiros o alisos (Alnus glutinosa) y los chopos (Populus nigra), acompañados de las hermosas flores de
la primavera (Primula vulgaris); cerca del agua crecen tambien la aleluya (Oxalis acetosella), una saxifraga (Saxifraga spatularis), el ajo de oso (Allium ursinum),
la parnasia (Parnasia palustris), la calta (Caltha palustris), el berro (Nasturtium officinale) y un bonito helecho (Blechnum spicant).
En las zonas superiores los bosques son prácticamente de abedules (Betula alba). En el matorral de las zonas mas altas predomina el piorno (Genista
obtusiramea
) y el enebro rastrero (Juniperus comunis var. nana), acompañados de hierbas como el pie de león (Alchemilla vulgaris, A. alpina), y la valeriana de montaña (Valeriana montana) y en el de las laderas abundan los piornos (Genista florida), la calluna (Calluna vulgaris), las urces (Erica australis, E. arborea y E. lusitanica), la polígala (Polygala microphylla) y la carqueixa (Genistella tridentata), acompañadas de hierbas como el cervuno (Narduus stricta) y los cerros (Festuca Sps.). Cerca de las majadas es facil encontrar frangula (Rhamnus frangula) y sauco (Sambucus nigra) acompañados de ortigas (Urtica dioica) y espinacas silvestres o fasgas (Che-nopodium bonus-henricus).
En las abandonadas tierras de labor, hoy barbechos, predominan las escobas o retamas (Cytisus scoparius, C. multiflorus), y en los bordes de los caminos abundan las zarzas (Rubus fru-ticosus, R. caesius), el rosal o escaramujo (Rosa canina), el hipérico o corazoncillo (Hypericum perforatum), la margarita (Bellis perennis), la milenrama (Achillaea millefolium) y la dedalera o sanjuán (Digitalis purpurea).
Merecen ser citados, no por su abundancia sinó por su presencia, el acónito amarillo (Aconitum vulparia), la pulsátila (Pulsatilla alpina subsp. apiifolia), la cicerbita (Cicerbita alpina), la antenaria o pié de gato (Antenaria Dioica), Stellaria nemorum, Streptopus amplexifolius, el fuseiro (Euonymus europaeus) en Quintana, el vedegambre o surbia (Veratrum album), la grosella (Ribes Rubrum) y la artimora o frambuesa (Rubus idaeus).
Por sus flores espectaculares hay que citar la amapola amarilla (Meconopsis cambrica), la pajarita (Linaria triornithophora), el lirio (Iris xiphioides), la azucena silvestre (Lilium martagon), la genciana (Gentiana lutea, G. pneumonante), un clavel (Dianthus monspessulanus), un hiperico (Hypericum richeri), la aguileña (Aquilegia vulgaris y A. dichroa), el doronicum (Doronicum plantagineum), el diente de perrro (Erythronium dens-canis), el jacinto silvestre (Endymion non-scriptus), el pensamiento (Viola saxatilis), el narciso (Narcissus pseudonarcissus, N. asturiensis, N. triandrus) y algunas orquídeas entre las que se puede destacar la dactilorriza (Dactilhorriza maculata) y Orchis mascula.
También abundan el gamón (Asphodelus albus), la melisa silvestre (Melittis melissophyllum), el Ornitogalum pyrenaicum, la gagea (Gagea arvensis), varios
tomillos (Thymus pulegioides, T. mastichina), el senecio (Senecio vulgaris, S. jacobaea), el llantén (Plantago lanceolata, P. media), el palomino (Simethis planifolia), la astrancia (Astrantia major) por todas partes, la vara de oro (Solidago virgaurea) en las gleras, las grandes inflorescencias ocráceas de Adenostiles aliarae en los mas altos cursos de agua, la grasilla (Pinguicula vulgaris) y la drosera (Drosera rotundifolia), ambas plantas carnívoras, en las zonas pantanosas, y, en los cursos de agua que forman el nacimiento del Boeza, el ranúnculo (Ranunculus pseudofluitans). Y por todas partes en las zonas altas, como sotobosque o como acompañamiento del matorral, los arandanos (Vaccinium myrtyllus).
Por dar su nombre a la sierra hay que citar la jistra (Meum athamanticum) abundante en algunas zonas en la montaña.
Y por su rareza citaremos la presencia del tulipán (Tulipa australis), muy localizado, la corona imperial (Fritillaria Pyrenaica), el gladiolo (Gladiolus illyricus) muy raro, un ranunculo (Ranunculus amplexicaulis) que aparece únicamente en los alrededores de las lagunas de la rebeza, otro ranunculo (Ranunculus platanifolius) muy escaso, la uva de zorra (Paris quadrifolia) en lomas umbroso de nuestros bosques, la silene fétida (Silene foetida) y uncrisantemo (Phalacrocarpum oppositifolium) que son ambas plantas endémicasdel noroeste peninsular, la puntera (Sempervivum cantabricum) y el laurel de SanAntonio o adelfilla (Epilobium angustifolium) en las crestas mas altas.
Tienen justa fama, por sus frutos, los cerezos (Prunus avium) de Colinas,y hay que citar un extraño cerezo de racimo o de olor (Prunus paduus) de escasa
presencia.
En las zonas más bajas no es extraño encontrarse con vegetación de marcado carácter mediterráneocomo la lavanda, cantueso o tomillo morado (Lavandula pedunculata) o la encina (Quercus rotundifolia).

FAUNA.- Aunque no es fácil ver animales si es posible descubrir sus rastros o huellas de su paso y podrían encontrarse el lobo (Canis lupus), el zorro (Vulpes vulpes), el jabalí (Sus scrofa), el corzo (Capreolus capreolus), la ardilla (Sciurus vulgaris), el gato montés (Felix silvestris), la musturiega o comadreja (Mus-tela Nivalis), la garduña o fuina (Martes foina), y el armiño (Mustela erminea). También el rebeco, en las proximidades de las lagunas de La Rebeza.
Ahora parece que nuevamente podemos encontrar el oso (Ursus arctos) y el urogallo (Tetrao urogallus).
En los cursos de agua viven la nutria (Lutra lutra) y el desmán de los pirineos (Galemys pyrenaicus), junto con la trucha (Salmo trutta).
Entre la avifauna podemos citar la perdiz roja (Alectoris rufa), la perdiz pardilla (Perdix perdix), el cuervo (Corvus corax), la choya (Chova piquigualda), el arrendajo (Garrulus glandarius), la pega o urraca (Pica pica), el mirlo acuático (Cinclus cinclus), la paloma torcaz (Columba palumbus), el pito real (Picus viridis), el ratonero común (Buteo buteo), el águila culebrera (Circaetus gallicus), el gavilán (Accipiter nisus), el azor (Accipiter
gentilis
) y el aguilucho pálido (Circus cyaneus), así como el alimoche (Neophron percnopterus) o la garza (Ardea cinerea), como más fáciles de observar entre los muchos existentes.
Entre los reptiles podemos citar las lagartijas (Podarcis muralis y Lacerta monticola), el lagarto verdinegro (Lacerta Schreiberi), y entre las culebras la coronela (Coronela austriaca), la culebra de agua o viperina (Natrix maura) y la vívora (Vipera seoanei). Entre los anfibios es abundante la rana patilarga (Rana iberica).
Entre los insectos citaremos como mas espectaculares las libélulas (Brachytron pratense), los caballitos del diablo (Calopteryx virgo) y algunas mariposas como la medioluto (Melanargia occitanica), la ortiguera (Aglais urticae), la cardera (Vanessa cardui), la pavo real (Inachis io), la chupaleche o podalirio (Iphiclides podalirius), la macaón (Papilio machaon), y sobre todo la impresionante apolo (Parnassius apolo), que es una de nuestras joyas entomológicas.



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